COPA TELMEX: Soñar que se puede

COPA TELMEX: Soñar que se puede
Jorge Mendivil / Alberto Arellano |

Punto de reunión y de partida:

 

Salimos de Hermosillo el jueves 27 a las 12:36 rumbo a la Ciudad de México.

El vuelo por Interjet estuvo a punto, está funcionando bien, el viaje fue placentero.

Al llegar al  Aeropuerto Internacional ya nos estaba esperando Rafael Pérez, quien es el Coordinador de la Copa Telmex.

Martin Trujillo y Prospero Barboza, se reúnen con él y nos organizan.

En la terminal aérea nos topamos con Jared Borgueti, el goleador sinaloense y mejor anotador de todos los tiempos con la selección mexicana.

Las fotos de rigor no se hicieron esperar.

La tarde en el Distrito Federal empezaba ya asomar su manto.

Nos instalaron en un hotel cercano a la estación aérea, la idea era descansar en tanto se llegaba la hora de emprender el vuelo a Colombia, la salida estaba prevista para la 01:00 Hrs., del viernes 28.

La emoción nos embargaba a todos, era como un sueño que se convertía en realidad.

La instrucción fue que estuviéramos todos listos a las 19:00 Hrs., para pasar a cenar.

Al terminar nos dirigimos a nuestras habitaciones por las maletas y a las 21:00 Hrs., ya estábamos más puestos que nadie en el Lobby del hotel para salir al “Benito Juárez”.

El registro del vuelo en Avianca fue rápido, después el grupo tuvimos que esperar más de 3 horas para abordar la nave que nos transportaría a Bogotá, fueron 5 horas de vuelo.

A nuestra llegada nos recibieron otros Coordinadores de la Copa Telmex.

Era de mañana ya en tierras sudamericanas, hacia un poco de hambre y nos llevaron a desayunar.

Después de tomar los primeros alimentos, llegaba otro espacio de espera para volvernos a subir al avión que nos llevaría con destino a San Andrés.

Antes esperamos 5 horas para partir. Avianca seguía con nosotros y nosotros con Avianca.

El momento llegó y el trayecto se nos hizo eterno, 2 horas duró el vuelo para llegar a la Isla.

 

San Andrés: el mar de los siete colores

 

A 700 kilómetros de la costa continental colombiana se encuentra la isla de San Andrés, un pequeño paraíso en el que las influencias de ingleses, españoles, piratas y corsarios se mezclaron para dar como resultado una cultura rica que se mueve al son del reggae. Es un destino perfecto para disfrutar de la playa, practicar deportes náuticos, bucear y hacer ecoturismo.

 

Desde el avión, la tarjeta de presentación de San Andrés es su mar de siete colores que alberga peces coloridos y corales rebosantes de vida que encantan a los viajeros. Después de una tarde de playa y compras en el puerto libre, la noche se presenta con fuerza para llenar de música y baile el ambiente.

Para nuestro asombro, sonorense al fin, una montaña con nieve a la vista era un paisaje hermoso que nos causó el despertar de la capacidad de imaginación.

Al descender y pisar tierra en San Andrés, fuimos recibidos con mucha algarabía, la bienvenida fue bonita, nos hicieron sentir que estábamos en casa.

Es una superficie de tierra en el mar que no pasa de los 27 kilómetros.

Y nosotros estábamos ahí.

Inmediatamente el traslado al hotel, íbamos de sorpresa en sorpresa, admirados por lo que era una novedad, el sueño seguía convirtiéndose en realidad.

Al llegar al Hotel Decamerón Aquarium nos sorprendimos más, nos quedamos de a cuatro, era una instalación súper bonita, donde la atención y el trato era de primera, el clima era fabuloso, por no decir que perfecto y por fin ya estábamos instalados en nuestro destino meta.

Nos acomodamos rápido en las habitaciones, la idea de descansar era obligada, los viajes en avión siempre acarrean estrés, a querer y no.

Muy temprano despertamos el sábado, el día de la cita había llegado, nos desayunamos con fe y nos citaron para que estuviéramos listos en el Lobby a las 12:15 horas, para salir al estadio.

Así fue, llegamos al estadio y había policías, coordinadores, aficionados, gente formada para entrar al estadio, y todos nosotros con cara de ¿what?, pero un what alusivo al “qué bonito todo”.

El ambiente en el estadio  “Erwin Oneil” era maravilloso.

Lo típico, llegamos, entramos al vestidor a dejar la mochila y salimos a conocer la cancha donde minutos después íbamos a sudar el orgullo de ser sonorense.

No nos causó asombro el terreno de juego, se trataba de una cancha sintética, nuestra memoria nos llevó rápido a La Sauceda.

El clima se sentía húmedo, pero ni en cuenta, el llamado a vestirnos para el precalentamiento no se hizo esperar.

Todo avanzaba con puntualidad inglesa, cuando menos pensamos ya estábamos alineados para cantar el Himno Nacional Mexicano, la piel se nos enchinó de puro orgullo, estábamos a miles de kilómetros de nuestra patria, de nuestro terruño y ahora nos encontrábamos sacando de nuestro pecho lo más bonito de ser mexicano, ante un estadio donde estaban puros aficionados colombianos.

La neta que se siente bien chilo –sic-, es algo indescriptible.

Cabe recordar que la delegación también estaba compuesta por el equipo femenil juvenil, ellas salieron primero a disputar su cotejo.

Todos nosotros estábamos desesperados para salir a demostrar de que material estábamos hechos, para desarrollar nuestro buen futbol y de paso convencidos de que nos íbamos a cargar a los jugadores del equipo Envigado de Antioquia.

A la vista se trataba de futbolistas, cuyo peso y estatura nos hacía pensar en que eran jóvenes con 2 o 3 años mayores que nosotros.

Nunca bajamos la mirada, al contrario nos empezó a salir lo yaqui que llevamos dentro…

 

El partido

 

Se escuchó el silbatazo inicial, obviamente que la gente empezó a festejarle todo a los suyos, las instrucciones del “Chele” empezaron a ser acatadas, muy pronto mandaríamos un primer aviso de que no nos íbamos a dejar.

En el primer tiro de esquina rematamos en el área y el balón se estrelló en el poste.

Ellos se nos dejaron venir, nos acorralaron en nuestra media cancha, hay que decirlo si estaban grandes los colombianos, por lo que no nos quedó otra más que echar el camión atrás.

Así se fueron los primeros 45 minutos de la parte inicial, el marcador en la pizarra señalaba un salomónico, pero muy estresado empate a cero goles.

En el medio tiempo el “Chele” reforzaba nuestra autoestima.

Inicio la parte complementaria, ambas escuadras salimos con todo, echando toda la carne al asador para ganar este encuentro.

El partido subía en intensidad, era de ida y vuelta el movimiento sobre la alfombra.

Los dos porteros se lucían con sus atajadas, los lances igual por abajo que por arriba.

Nuestros delanteros no salieron contundentes, no la podían meter.

Se vendría el primer cambio, sale Eduardo Ávila y entra Jorge Teón.

Los pases se multiplicaban y el buen juego que se desarrollaba se veía bien.

En una de esas salidas de nosotros, las que tanto ensayamos con balón controlado, íbamos en un contragolpe, cuando un jugador del cuadro local comete una falta por detrás, esta vez no me pude contener las ganas y el ánimo se calentó, le dije de cosas al jugador artero que cometió la falta, se hace la cámara húngara, los empujones, intercambios de palabras y todo eso que da sabor al caldo en un partido que va cero a cero.

De buena suerte que llegan los árbitros, más jugadores a la bola, pero todos se calman, hasta los nazarenos, era parte de la decoración.

El partido no bajó de tono, el ir y venir era una constante, hasta que el central considero que este arroz ya se había cocido.

Ahora la cara de “what” la ponían los colombianos, como queriendo saber qué edad teníamos nosotros.

La justa sabatina en las tierras que son bañadas por el mar Caribe, se iba a definir por medio de los penaltis.

El primero en cobrar por los mexicanos fue Fernando Cañez, para dentro. Al “Peli” lo siguió Luis Encina y el “Sheldon” también lo consiguió, Edson Tolano, igual, Jorge Mendivil, no podía fallar y es que el “Paisa” va que vuela, cerrando la quinteta con señorío Miguel Tolano.

La sumatoria indicaba números parejos: 5 – 5

A la muerte súbita se ha dicho y ya todo era un volado.

El hermano Rongel acierta el sexto y en el séptimo disparo falla Oscar Calles.

Hasta ahí todo estaba en manos del portero sonorense, el Gus Gracia, no pudo atajar el definitivo.

Los colombianos ganaban en muerte súbita el partido y festejaban con alegría.

Mientras nosotros nos dirigimos a los vestidores agüitados por la derrota, unos soltaron las de cocodrilo, otros se cambiaron rápido.

 

“Una experiencia maravillosa”.

 

Al salir del estadio decenas de niños colombianos nos esperaban, para pedirnos autógrafos y de paso las playeras, algunos de nosotros los complacimos.

Eso era emotivo a morir, ver atrás de nosotros a los niños, nunca se me va a olvidar.

Llegamos al hotel directo a bañarnos, la cena de despedida nos esperaba.

Clase de cena la que nos ofrecieron, fue algo muy rico y maravilloso.

El buffet tenia de todo, nos pusimos panditas de tanto comer la noche de sábado.

El regreso al hotel fue tranquilo, algunos del grupo se quedaban afuera de las habitaciones platicando de la experiencia convertida en realidad.

Para el domingo se tenía programada una visita a una Isla cercana.

Muy bonita, con paisajes de película, nos subimos a un barquito y nos acompañaron los jugadores y jugadoras colombianas, la convivencia salió estupenda, del agua nadie se quería salir.

Hubo quienes al llegar al hotel le siguieron en la alberca, era tarde libre, pues el lunes empezaba el regreso a casa.

Avianca, luego Interjet, y muy pronto estábamos de vuelta en Hermosillo.

El martes por la mañana ya estábamos atorándole a las de harina.

La Ciudad del Sol, nos recibió con su calor y de nuevo a empezar, ahora vamos por el “Benito Juárez”.

Es un camino para convertir de nuevo nuestros sueños en realidad.

Atrás quedaba San Andrés y nosotros queremos seguir viajando, porque hemos comprobado que los sueños se hacen realidad, cuando uno se los propone.

Lo más importante es que somos jóvenes y sabemos que es lo que queremos.

 

 

Gracias a Dios.